25/2/20

The Batman’s Grave #1-4 (2019-2020)


Maestros de un arte menor. ¿Menor de edad, quizás? No. Obligado, mejor dicho, a no crecer. A no hacerse adulto. El cómic, digo. Un arte menor, te pongas como te pongas, desconocido / inexistente / ignorado lector (de este blog). Así pues, maestros: Warren Ellis, Bryan Hitch. Guión, dibujo. Artistas comerciales, astutos, talentosos. Este Batman suyo aplasta a la competencia, a otras cabeceras, a otros personajes súper. Es un Batman adulto, en el que los diálogos suenan justos, amargos. Pesimistas. Porque la realidad apesta. Gotham apesta. Sus pobres, sus delincuentes, sus locos. En la primera escena de acción, vemos a un policía gay, coreano, de servicio, paseando con su novio coreano y con la hija adoptada por ambos. Han ido al cine. Se equivocaron de película. Un par de quinquis los asaltan, en un callejón por el que nadie, que no sea un personaje de ficción, se internaría. Detalle: los malotes hablan un poco como figurantes en un drama shakespeariano. El Hombre Murciélago les zurra. En silencio. Más tarde, Batman investiga un fallecimiento. El de un viejo obsesionado con anotar todos los detalles de su miserable vida. Tiene el cuarto empapelado de recortes con fotos y noticias batmaníacas. Al volver a su batcueva, Bruce Wayne charla con Alfred Pennyworth, su mayordomo, exmilitar, exagente secreto británico, que bebe whisky mientras escucha música clásica (del compositor ocultista motorista nudista Peter Warlock). Wayne reflexiona sobre el nuevo caso, de pie, en medio de una reproducción virtual en 3-D de la habitación del muerto. Se mete en su piel. Casi literalmente. Descubre que ha ido asesinado. Y que el asesino está escondido debajo del parqué. Ellis me interesa, me seduce, me interpela. Me empuja a escribir y a crear historias. A disfrutar leyendo las suyas. Un placer, reencontrarme con él en la casa DC, ahora que Jonathan Hickman ha obligado a Marvel a pasar de pantalla con sus renovados (y fascinantes) mutantes. Otra cosa, sobre Hitch: digo lo de siempre. Que se luce, que abruma. Sin trucos. Como una catarata. Menos brillantes son los #2-4. Me interesan 2 cosas: 1) la relación amiguetil y profesional entre Wayne y su mayordomo, y 2) las escenas de acción largas y sin diálogos.



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