Mike Mignola y Scott Allie
siguen a lo suyo: manteniendo la atmósfera apocalíptica. La trama no fluye
hacia ningún sitio. Abe deambula de una localización a otra sin aprender nada
nuevo sobre su condición personal. Le crecen los enanos supervivalistas, eso
sí. La trama paralela con el satanista en busca del Jefe del Mal es demasiado
paralela. Aquí, sale la jefa cadavérica con superpoderes de un culto mexicano
dedicado a la Santa Muerte. Es lo único destacable. No entiendo muchos de los
diálogos. No sé de qué están hablando. Y llevo leídas una veintena de entregas
de esta cabecera. Por fortuna, Sebastián
Fiumara dibuja y dibuja y dibuja.


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