La
premisa es muy atractiva. Peter Milligan
la alimenta con cuidado. Sin derrapar. El romano protagonista es una especie de
Sherlock Holmes antes de Sherlock Holmes. Utiliza técnicas de observación y
psicología. Investiga en tierras inglesas la existencia de demonios y cultos
milenarios. Atmósfera inquietante y estallidos de violencia. El dibujo de Juan José Ryp es cuidadoso, sólido,
desvergonzado.

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