O
entras o no entras. El universo creado por Jonathan
Hickman es casi hermético. Cuesta mucho entrar. No cuesta nada, sin
embargo, dejarse arrastrar por el movimiento, la verborrea, la fuerza
visionaria, el diseño gráfico, el marmitako
conspiranoico. Hickman describe un mundo postapocalíptico dividido en 6 ó 7
zonas, con 6 ó 7 sistemas políticos, con 6 ó 7 líderes. Parte de la estética y
el tono está inspirada por el western. La
mezcla funciona, sugiere. Resulta complicado saber dónde se encuentra uno como
lector. Hay varias líneas narrativas en activo, en paralelo, interconectadas o
no. Yo no me he enterado ni de la mitad. Pero he disfrutado. Hickman ofrece
fogonazos de política ficción muy interesantes. Flashbacks explicativos, del pasado de algunos personajes o de
algunas tradiciones. Existe un culto findelmundista
que se basa en profecías y señales jeroglíficas
rarunas. La Muerte es un pistolero que cabalga junto a 2 figuras
fantasmáticas en busca de su hijo. Los 4 jinetes de Apocalipsis llevan a cabo
experimentos médicos con el hijo de la Muerte en algún lugar secreto. Las
naciones están a punto de iniciar una guerra comercial y militar. Un ranger está obsesionado con asesinar a
los seres pseudodivinos que manejan
el cotarro. Nick Dragotta dibuja manga occidental con una soltura que
pasma. Leídos 2 primeros arcos: The
Promise y We Are All One.




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