Cada
vez me gusta más Nick Spencer.
Pedazo de guiones supestamente ligeros, los suyos, repletos de ironía
corporativa superheróica. El Hombre-Hormiga, éste Hombre-Hormiga, es un loser
con carisma. No tiene suerte, pero derrocha la suficiente autoestima de
supervivencia como para no echarse a llorar a las primeras de cambio. Ha
montado una agencia de seguridad con dos freaks
exconvictos (como él) y una señora mayor cascarrabias (a la que debe
dinero). En estos primeros capítulos sale un tipo que ha inventado una app que
sirve para contratar villanos a medida. El dibujo de Ramón Rosanas es, en sus peores momentos, inverosímilmente internetero. ¡Qué cosa más plana y más
desagradable a la vista! O quizás sea cosa del color. Sí, eso es. ¡¡¡El color
mata a Rosanas!!! Por fortuna, los portadones megarrealistas made in Mark Brooks quitan el hipo.


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