Nick Spencer juega con cartas marcadas. Utiliza su propia baraja. La app
de villanos y el reality de la
exnovia cantante del protagonista añaden leña a su inspirado fuego argumental.
Todo va a 100 por hora: acción, chistes, sensiblerías y mucha dinamita
autorreferencial. El dibujo de Ramón
Rosanas está horriblemente coloreado y digitalizado.

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