Leo, del tirón, 8 entregas de The Saga of the Swamp Thing (o Swamp Thing) guionizadas por Alan Moore. Atmosféricas, terroríficas,
orgánicas. Huelen a algo que se
descompone poco a poco entre la maleza. Una lección de narrativa inquietante:
introducciones sinuosas, planteamiento de situaciones extrañas, ritmo
implacable de los relatos. Funciona, sorprende y pone nervioso. Y siempre,
siempre, el efecto se potencia con el dibujo. Dibujos de Steve Bissette (#35-36, ver ilustraciones, #39-42), Rick Veitch (#37), Stan Woch (#37), entintados todos ellos por John Totleben (y por Alfredo
Alcalá en el #41). Dibujos grotescos, de líneas finas y rostros a medio
terminar. Vagabundo radioactivo que bebe deshechos contaminados (The Nuke-Face Papers #35-36), vampiros
subacuáticos que atacan a niños (Still
Waters y Fish Story #38-39),
mujer-casada que se transforma en mujer-loba (The Curse #40), fantasmas vengativos que poseen a los integrantes
del equipo que rueda una película en una mansión sureña (Southern Change y Strange
Fruit #41-42). Relatos autoconclusivos en serie. Con el detective de lo
paranormal, el dandy de lo trash, el hooligan de lo Oculto, John Constantine, tocándole los bulbos a la Cosa del Pantano y a su novieta rubia. Una Cosa que se descubre
a sí misma como Entidad Primigenia de la Naturaleza, capaz de morir en un sitio y rebrotar en otro (Growth
Patterns #37). Espeluznante lectura. Desasosegante grafismo.



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