10/4/20

The Wake #1-10 (2013-2014)


Este es el tebeo que me recargó las pilas. El que me hizo recuperar las ganas de leer tebeos. No tebeos de autor, confesionales, de aquí y de allá, sino tebeos tebeos. De superhéroes, de ciencia ficción, de postapocalipsis de alto presupuesto. Fue este tebeo y también Crossed, el primer volúmen, escrito por Garth Ennis, que me regaló Patricia Aibar. Hace unos años. A pesar de no ser tebeos Marvel, resucitaron al fan de Marvel que siempre ha habido en mí. Resucitó el lector ávido de novedades. Me enganché a las cabeceras más hot de Dark Horse, Image, incluso DC. Y hasta hoy, crisis arriba, crisis abajo. De The Wake, que ahora he vuelto a devorar, debo confesar que lo tiene todo para atraparme: protagonistas femeninas valientes, argumento cataclísmico que abarca siglos, extravagancias evolutivas anfibias (o lovecraftianas), flashbacks ambientados hace millones de años, teorías supernaturalistas a medio desarrollar. Una experta en cantos de ballena es reclutada por el gobierno (la cara oculta del gobierno, el deep state), junto a otros científicos y mercenarios, para traducir lo que dice una especie de sirénido prisionero, capaz de provocar alucinaciones con su líquido lacrimal. El sirénido no está solo. Hay millones como él, ahí abajo, en lo más oscuro del océano. Algunos de tamaño colosal. Impulsados por una fuerza misteriosa, los sirénidos provocan una catástrofe marítima mundial. 300 años más tarde, una joven rebelde, con ayuda de un delfín quirúrgicamente modificado y una banda de piratas mutantes, se enfrenta al ejército de una dictadora sin escrúpulos y descifra parte del enigma que nos define como civilización ávida de conocimiento. Docenas de ideas interesantes. Mi favorita: el líquido de nuestras lágrimas (su composición química) nos hace olvidar quiénes somos, quiénes fuimos, qué podríamos llegar a ser. El guión de Scott Snyder es astuto, vertiginoso, sorprendente. Las elipsis funcionan. Hay acción radical a raudales y personajes secundarios bien definidos. El dibujo de Sean Murphy deja literalmente sin aliento. Realismo publicitario de trazo finísimo, expresiones afiladas, composiciones geométricas, claroscuros extremos, vehículos de diseño industrial.




No hay comentarios:

Publicar un comentario