El
delicioso trazo indie de Michael Walsh, extrañamente supercoloreado por Ruth Redmond, le sienta muy bien a esta sitcom autoparódica mutante escrita con mucha mano izquierda por Max Bemis. La premisa (joven mutante
con el poder de explotar una sola vez, con fatales consecuencias para sí mismo,
entra en la escuela de muties después
de que un Centinela aplaste a sus padres de un pisotón) parece más ligera de lo que en realidad es y los giros
argumentales tienen más chispa de lo habitual. ¿Quién es el freak en un lugar repleto de superfreaks? ¿Para qué sirve un omnipoder? El último episodio de esta
miniserie de 5 parece un capítulo de The
Big Bang Theory guionizado por Grant
Morrison. El protagonista utiliza su superpoder explosivo de un solo uso
para desintegrar el mismísimo comicbook
en las manos del lector. Curioso.


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