Una idea brillante en el prólogo: la
bomba atómica sobre Nagasaki, arrojada el 9 de agosto de 1945, era, en
realidad, un supersoldado norteamericano transformado en arma de destrucción
masiva en un laboratorio secreto. El padre de Lois Lane es el militar que
oculta a la bestia de los ojos curiosos de Superman, que anda bastante liado
evitando catástrofes provocadas por un grupo terrorista internacional llamado
Ascensión. Scott Snyder desarrolla
una historia de extraterrestres propagadores de ciencia, minerales raros con
superpoderes, 2 facciones conspirativas enfrentadas, críticas al comportamiento
humanitario de Superman, flashbacks traumáticos
de su infancia en la granja y escenones
de acción descacharrante talla XXL. El cocktail
pega fuerte. Cada capítulo incluye un epílogo inquietante dibujado por Dustin Nguyen. El artista residente, Jim Lee, dibuja como un maestro del espíritu juvenil de los noventa
(ver ilustraciones): energía pura (aunque me guste más bien poco su estilo, en
el fondo, demasiado convencional). A Superman lo tengo cruzado desde siempre,
pero esta miniserie con citas a La Iliada
y exhibición de villanía (y papiroflexia) por parte de Lex Luthor, me ha
enganchado.


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