Con
los guiones de Frank J. Barbiere me
pasa siempre lo mismo: son demasiado
de serie B. Esta historia va de un convicto soplón que da saltos
espaciotemporales gracias a una tecnología enviada desde el futuro por su
propio padre. Violencia carcelaria, holograma parlante, tunel interdimensional
de colores. Bastante burdo. El dibujo de Garry
Brown tampoco es sofisticado: parece el de un thriller policiaco de tercera división. A pesar de todo, tiene
algo.

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