Ken Lashley es un descubrimiento: cuando se deja ir, resulta
terrorífico. Pero terrorífico de asquerosillo, gore, retorcido, vicioso,
repugnante, degenerado. La acción de Cullen
Bunn está dividida en 2 líneas paralelas. Por un lado, Magneto y Psylocke
investigan a Warren, A.K.A. Ángel, reconvertido en predicador (sus alas han sido
arrancadas por una secta capitaneada por Genocide, hijo de Apocalypse, que
tiene un diseño rabiosamente cool). Por otro lado, la divertidísima Monet y el
suavizado Sabretooth se internan en las cloacas para pelearse con y/o ayudar a
Callisto, cabecilla punkoide de los Morlocks (mutantes grotescos). Morlocks y
humanos están siendo vampirizados por el monstruoso hermano de Monet, un tal
Emplate, que parece un engendro surgido de la mente de Todd MacFarlane. También se inmiscuye en la acción Fantomex. Él y
Monet se dan de hostias rememorando asuntillos pendientes. ¡Y Mystique! ¡Ah,
Mystique! No sé por qué me tomo la molestia de contarlo todo aquí. Esto es un
caos. Se supone que estamos en medio de las Apocalypse
Wars, por cierto, y todavía no le pillo el punto al cruce entre las series
mutantes.


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