6 tebeos que me marcaron. Que cambiaron
mi forma de percibir el mundo. El niño que fui es el adulto que soy gracias a
este arco argumental. Se inicia con el #54, escrito por Arnold Drake y dibujado por Don
Heck. Un Heck enchufado a las
viñetas irregulares, al escorzo dramático de serie B. Puro Pop nacido viejuno. Drake
apuesta también por el subgénero simplista: Cíclope recupera la consciencia en
un museo y es acusado del asesinato de un tipo disfrazado de faraón egipcio. El
faraón es un mutante poco menos que inmortal. Anda buscando mutantes como él
para vampirizarles la energía. Mutantes que no saben que lo son, como el
hermano atleta universitario de Cíclope. El #55 está guionizado por Roy Thomas y dibujado por Heck y Werner Roth. Es retro de saltársele a uno las lágrimas. Pero, de repente, a partir
del #56, la serie se transforma en lo más moderno y cool. Neal Adams, el gran Neal Adams, se encarga de dibujar
como nadie nunca antes lo había hecho (ver ilustraciones). Figuras estilizadas en constante tensión, rostros
hiperexpresivos, líneas finísimas, tramas de tinta, empaque publicitario de
primeras marcas. Finiquitado el asunto del faraón, en los números #57-59, la
Patrulla X sufre el ataque de los Centinelas, esos robots gigantes de diseño megamolón que le permiten a Adams
dibujar unos paginones legendarios.
No sé explicarlo mejor: tengo la noche iletrada.




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