Ralentis
y déjà-vus lastran el relato de Jonathan
Hickman. Tampoco Steve Epting
dibuja a plena potencia. ¿Cansancio? ¿Precipitación? Todos se pelean a lo loco
y se pegan por la espalda. Los diálogos se repiten y la información también (la
falta de información, más bien). Más nervio, más ritmo, más cliffhangers,
please! (¿O soy yo, que me he acostumbrado a la excelencia?)


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