Parece
dibujado por un estudiante de primer curso de la escuela de cómics del barrio.
Me va a costar olvidar este trabajito basurilla de Steve Rolston (lápices) y Al
Gordon (tintas). Por fortuna, Warren
Ellis expone una premisa argumental interesantísima sobre el futuro de las
modificaciones corporales extremas y sus consecuencias sociopolíticas y
pseudofilosóficas. Uno empieza tatuándose un delfín en el omoplato y acaba
injertándose un cañón láser en la polla. Paralelismos con Internet. Esto es lo
que debería haber estado contando Miguel
Ángel Martín en los últimos 10 años. Publicado en inglés por Homage Comics.

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