La
miniserie original de 2008-2009, escrita por Mark Millar y dibujada por Steve
McNiven, es una de las que provocaron mi regreso al mundo de los cómics de
superhéroes. La miniserie asociada al Battleworld
de las Secret Wars 2015, escrita por Brian Michael Bendis e ilustrada por Andrea Sorrentino, llamó la atención
por el tono psicótico (y sensiblero) del guión y el fotorrealismo (fotocopista)
del dibujo. Ahora, el personaje del viejo Lobezno de un futuro postapocalíptico
se cuela en el Universo Marvel oficial, generando conflictos emocionales y
resucitando traumas no resueltos (recordemos que el Lobezno de esta dimensión
ha muerto). Dicho esto, los 4 números que acabo de leer, pertenecientes al
relanzamiento de la colección después del lío de las Secret Wars 2015, me han parecido estupendas muestras de poderío
dramático y ambición visual. El guión de Jeff
Lemire toca fibras sensibles, sin alzar la voz ni retorcer la sintaxis. El
dibujo de Sorrentino cansa, pero acaba atrapando con sus fogonazos de blanco
manchados de rojo sangre. En el #4, Lobezno se reencuentra con los X-Men. En
los #5-6-7, mucho flashback y mucho gore.

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