Lewis Trondheim ataca de nuevo y recupera la idea ambiciosa de Donjon: crear montones de álbumes
alrededor de una misma premisa en colaboración con guionistas y dibujantes
colegas. Esta vez le toca el turno al género space-opera. Aventuras en el espacio de una agente curvilínea que
tiene ganas de ser madre. La chica es como una versión contemporánea y
descreída de Barbarella. Viaja en una nave colosal en compañía de miles de
extraterrestres de centenares de razas distintas. Investiga lo que parece ser
un cementerio cósmico surgido de la nada. Tiene 8 horas para resolver el
enigma. Cumplido el plazo, la máquina Infinity 8 reseteará el espaciotiempo. Es
una excusa para abordar la premisa desde otros puntos de vista, con otras
estéticas, en otros tonos. Los 2 primeros comicbooks,
coescritos por Trondheim y Zep, son
divertidos: a medio camino entre Valerian
et Laureline y la escena del bar del primer Star Wars, con guiños constantes a la bande dessinée de los 70 y 80: Moebius,
Caza, Bilal… El dibujo de Dominique
Bertail le sienta como un guante al argumento. Un argumento en el que se
combina humor con erotismo naïf,
violencia, acción, sense of wonder,
más acción y autoparodia de baja intensidad. Editado
en francés por Rue de Sèvres.


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