Impecable reseteado del personaje.
Dibujado con línea clara americana, a medio camino entre Frank Miller y Moebius,
por el estupendísimo John Romita Jr.
Escrito, con intencionalidad negrata y patinazos racistas, por Reginald Hudlin. Wakanda es una tierra
de guerreros imbatibles y orgullosos. Demasiado imbatibles y demasiado orgullosos.
Les odia casi todo el mundo. En Wakanda hay vibranium, un metal ultrarraro. En
ciencia y tecnología, no hay quien les tosa. En antipatía y prepotencia,
tampoco. Una entidad divina africana, la Pantera Negra, les protege (y transforma
a algunos y algunas de los wakandeses y wakandesas en superhombres y supermujeres).
A mí, la familia de T’Challa, el Black Panther oficial, me cae mal. A los archienemigos
que se organizan para invadir Wakanda y aniquilarles, también. Son villanos de
nacionalidad europea y de segunda división. El jefe de la banda es una versión
belga de Klaw, el Maestro del Sonido. Sus secuaces son el mercenario Caballero
Negro, el gabacho experto en artes marciales Batroc, el Hombre Radioactivo
soviético, el forzudo ruso Rhino y el parásito psíquico The Cannibal (que
utiliza el cuerpazo de una puta rubia de lujo durante todo el arco argumental,
que se titula Who Is Black Panther).
No consigo divertirme.


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