Una
de mis series favoritas de los últimos años. Grant Morrison se encarga del guión. Chris Burnham, del dibujo. Ambos brillan. Filosofía oculta, espacio
exterior, entidades lovecraftianas, sesiones espiritistas, sectas del Más Allá,
alucinaciones apocalípticas, composición de página flipante. Un artefacto
colosal va a chocar contra la Tierra. Un grupo de astronautas viaja hasta el
objeto y descubre un especie de templo. Momentazos de gore insano. “El ser que nosotros denominamos Dios es un
prisionero de guerra chiflado procedente de otro universo, encarcelado en un
asteroide que, en realidad, es lo que queda de un mundo perdido.” Sólo Morrison
puede escribir algo así. Más que un dibujante, Burnham es un cómplice
supernaturalista. Una miniserie gloriosamente incomprensible.




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