Nunca
me había internado en territorio walker. Ha sido agradable. Como entrar en un
culebrón, respirar un par de veces, y volver a salir de él. Un culebrón en el
que los muertos vivientes son figurantes. Un coro sin voz y sin mente.
Observadores que no observan. De hecho, en estos 5 episodios, apenas salen
zombies. Pero la violencia y la crueldad son máximas. Ejercidas por seres
humanos vivos. Mucho diálogo entre personajes. Momentazos de confesión y
redención. Dificultad para tomar decisiones. Cada decisión es un Everest ético.
En el fondo, todo suena un poco hueco, la verdad. Los guiones de Robert Kirkland lo aprovechan todo.
Hasta las sobras. El dibujo de Charlie
Adlar es urgente. Una especie de Moebius
que dibuja fumetti per adulti. Me gustan las páginas mudas. El efecto story
board emocional.


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