El dibujo de Jon Davis-Hunt es espectacular. Realista, nítido, luminoso. Los
monstruos parecen sacados de un catálogo de horrores médicos. Las mujeres son
guapas, fuertes, inteligentes. Dominantes. Hay una secta dirigida por una
escritora de best sellers e inspirada
por la Cienciología hollywoodiense. Hay
superpoderes extradimensionadas. Habitaciones del pánico infernal. Deformidades
inimaginables. Pero la trama de Gail
Simone lleva un motor convencional incorporado que impide el desmelene
metagenérico, la intuición supernaturalista.
Me aburro a pesar del derroche gráfico y el empeño demoníaco. Me falta horror cósmico, me falta Lovecraft.


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