Siempre
he leído a Neil Gaiman mal y tarde,
a destiempo, de cualquier manera, sin informarme antes, presuponiendo cosas,
con prejuicios. Pensaba que The Sandman
iba a ser ilegible a estas alturas de nuevo siglo. Y resulta que no. ¡Menuda
sorpresa me he llevado! No sólo es legible, sino que es placentero. The Sandman es un cómic original, enganchoso, con mucha personalidad.
Siniestro, onírico, cultivado. Dibujado a
las bravas por Sam Kieth
(entintado por Mike Dringenberg). El
#1 es modélico: cuenta una historia a lo largo de 7 décadas. La empieza y la
acaba. Y te deja con ganas de más. Mucho más. El Hombre de Arena es el Sueño y
la Pesadilla. Morfeo. Hermano de la Muerte. Un ocultista inglés de principios del
siglo XX consigue secuestrarlo y mantenerlo prisionero dentro de un círculo
mágico. Le arrebatan sus enseres personales. A partir del #3, ya liberado de su
cautiverio, Sandman inicia la búsqueda de estos objetos. Objetos de poder. En
su primer viaje, conoce a Constantine. En el #4, baja al Infierno. En el #5,
visita al Detective Marciano. Episodios casi autoconclusivos. Narrativa
envolvente. Secundarios cautivadores. Ambientes alucinógenos. Combinaciones
explosivas de mitos, leyendas y folclore. Nada de jeroglíficos, gracias a Dios.
Portadas de Dave McKean: históricas.


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